Según relatan los propios moradores y documentos que reposan en los archivos de la Tenencia Política, los primeros pobladores de Sardinas llegaron a este territorio alrededor del año 1940, procedentes principalmente de las localidades de Píntag y Pifo. Al arribar a la zona, encontraron un entorno natural privilegiado, caracterizado por la abundancia de recursos hídricos y una gran diversidad de fauna y flora.
El nombre de Sardinas surge precisamente de la gran cantidad de peces que habitaban en los ríos del sector, convirtiéndose en una referencia natural para identificar este nuevo asentamiento. Entre los primeros colonos que se establecieron en la zona se recuerdan los nombres de Segundo Carrera, Carlos Carrera, José Ango, Silverio Minango, Miguel Lara, José Díaz y Alberto Carrera, quienes, con esfuerzo y perseverancia, iniciaron el proceso de ocupación y desarrollo del territorio.
Aprovechando la fertilidad de los suelos, los primeros habitantes se dedicaron principalmente a la agricultura, cultivando productos como papa china, yuca, camote y plátano, que constituían la base de su alimentación y sustento económico, estas actividades se complementaban con la cacería de animales silvestres, entre ellos guatusas, guantas, dantas, osos, venados y monos, recursos que contribuían a la alimentación de las familias asentadas en el lugar.
Con el paso de los años, el pequeño asentamiento fue creciendo hasta convertirse en un caserío organizado, dando origen a lo que hoy constituye la cabecera parroquial de Sardinas. El incremento de la población y la necesidad de brindar educación a los niños motivaron importantes gestiones ante las autoridades. Como resultado, en 1953 el Ministerio de Educación designó al primer maestro de la zona, el señor Pedro Coro, quien desempeñó un papel fundamental en la formación de las nuevas generaciones.
Gracias al esfuerzo conjunto de los moradores, se adecuó y equipó una pequeña escuela que permitió iniciar las actividades educativas en la localidad. Posteriormente, el crecimiento del poblado impulsó la conformación de la primera directiva comunitaria, integrada por los señores Antonio Aguirre, Pedro Coro, José Ango y Andrés Alquinga. Entre sus principales gestiones estuvo la obtención de recursos para la construcción de un aula escolar por parte del entonces Consejo Provincial, en un terreno donado por el señor José Ango.
La institución educativa fue nombrada «México», en reconocimiento al valioso aporte brindado por la Embajada de México para su construcción. Este acontecimiento marcó un hito en la historia de Sardinas, al fortalecer el acceso a la educación y contribuir al desarrollo social y humano de sus habitantes.
Desde aquellos primeros asentamientos, la parroquia Sardinas ha experimentado un importante proceso de crecimiento y desarrollo. Lo que inició como un pequeño caserío formado por familias colonizadoras se ha consolidado en una parroquia organizada y dinámica, integrada actualmente por el Barrio Central, Barrio Brasil de Franco, y los sectores San Andrés, Yaucana, Santa Marianita y San Marcos.
La agricultura y la ganadería continúan siendo las principales actividades productivas de la parroquia, constituyéndose en la base de la economía local y el sustento de numerosas familias. Entre los cultivos más representativos se encuentran el maíz, cacao, café, plátano, yuca y diversos productos de ciclo corto, complementados con la producción pecuaria. Asimismo, el esfuerzo y trabajo de sus habitantes han permitido fortalecer otras actividades vinculadas al turismo, el comercio y los emprendimientos locales.
En la actualidad, Sardinas se distingue por la riqueza de sus recursos naturales, la vocación productiva de su territorio y el compromiso de sus habitantes con el desarrollo de la parroquia, manteniendo vivas las tradiciones y el legado de quienes forjaron sus primeros años de historia.
